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Desde el interior del Colegio

Conoce el testimonio de la Miss Ruby McPhaerson sobre los comienzos del Tabancura

28 de Enero de 2021

A los 91 años, la ex profesora y fundadora del Colegio Huelén, tiene los mejores recuerdos de su paso por el Tabancura, desde la llamada del primer director, Don Juan Cox hasta varias anécdotas imperdibles junto a profesores y alumnos. Están todos invitados a conocer la historia que une a la Miss Ruby con el Colegio.

¿Qué año llegó usted y cuál era la situación del Colegio?

Yo ingresé al Tabancura el año 1969, en ese entonces yo estaba trabajando como profesora de inglés en el Colegio Saint George, ya que yo enviudé a los 10 años de matrimonio con 4 niños, entonces trabajaba porque tenía que poder mantenerlos. Mi llegada al Colegio se da con una llamada de Magdalena Vial, donde me dice que van a crear un nuevo colegio de hombres que se va a llamar Tabancura y el director (Don Juan Cox) quiere hablar contigo. Yo de inmediato le dije que estaba muy bien aquí y que no me atrevía a meterme en un colegio nuevo porque tengo 4 hijos y no puedo no ganar plata, pero ella me convenció.

¿Cómo la convenció?

Me habló muy bien del Colegio que se iba a hacer y cómo se va a realizar, entonces pensé que si Dios me estaba poniendo esto por delante, será por algo. Me acuerdo que después de eso, un día de diciembre a las 3 de la tarde, fui a la calle Salvador a una oficina para entrevistarme con un señor llamado Juan Cox. Yo a él no lo conocía, pero me siento y le pregunto a Don Juan si él creía que le iba a resultar su colegio, porque yo estaba en uno muy bueno y con mucha experiencia, pero don Juan me mira y me muestra lo que querían hacer del Tabancura. Eso fue la clave para empezar, porque tenía todo lo que debería tener un Colegio y me gustó mucho.

Me habló muy bien del Colegio que se iba a hacer y cómo se va a realizar, entonces pensé que si Dios me estaba poniendo esto por delante, será por algo

Por favor no nos deje con la duda Miss Ruby, ¿qué era lo que le mostró don Juan?

Bueno, la forma de enseñar y su línea católica, ya que todo lo que él me decía era lo necesario para hacer uno y me gustó mucho lo que pensaba y su idea de cómo dirigirlo. Ya no me acuerdo de todo lo que me dijo, pero quedamos que en febrero se iba a hacer un curso para el profesorado para conocernos todos. Yo le conté que tenía un plan para ir a ver a mi hermana en Europa por lo que no iba a poder estar en esa reunión pero que apenas llegué nos podíamos de acuerdo.

Usted antes del Saint George, ¿había trabajado en otro colegio?

Imagínate que nunca había trabajado, no tenía para que.

¿Cómo fue su relación con los demás profesores?

Era un grupo de profesores estupendo, que me gustó mucho y eran bien agradables, más que eso no te puedo contar porque no tengo tantos recuerdos, pero se me vienen nombres a la cabeza como el “Tufo” Fernando Villaroel, Mario Banderas y Ulpiano Baranda, o como le decíamos nosotros, Ulpimboy, no sé quién se lo puso, pero así le decíamos. Él es un personaje, muy agradable pero estricto, una gran persona.

Pero se me vienen nombres a la cabeza como el “Tufo” Fernando Villaroel, Mario Banderas y Ulpiano Baranda, o como le decíamos nosotros, Ulpimboy, no sé quién se lo puso, pero así le decíamos

¿Cómo fue ver el crecimiento del Colegio? ¿Usted solo se desempeñaba en inglés?

Yo le hacía ingles a los más chicos, creo que hasta cuarto básico. El Tabancura fue creciendo año a año, y muy rápido, la cantidad de matrículas era muy grande, imagínate que había cursos con letras A y B, pero ya no sé si siguen así.

Más adelante, Don Juan me puso en el Consejo de Profesores y teníamos reuniones con él. Yo solo hice clases de inglés, pero cuando me fueron dando más responsabilidades en el Colegio no me dieron más clases por la cantidad de cosas que tenía que hacer, no me daba el tiempo. En el Consejo estabamos con Juan y dos personas más, donde veíamos que hacer con el Colegio y revisar las distintas situaciones que se armaban, especialmente con los niños nuevos, donde algunos no tenían educación en el sentido de cómo comportarse. Para mi eran “palomillas”, o sea, ser vivos.

Sobre su ingreso al Consejo de Profesores, ¿se mantuvieron los ideales que le mostró Don Juan cuando la entrevistó?

Toda la vida, no había por donde equivocarse. Lo que él me contó esa vez se cumplió todo, lo tenía muy claro y que terminó siendo la esencia del Colegio.

¿Cuál sería para usted la esencia del Colegio?

De dar una educación muy buena, católica y dejando que la tomará cada niño y sus papás.

Usted se fue el año 1977 del Tabancura para fundar el Colegio Huelén, ¿cómo le nació esa idea?

Me lo propuso SEDUC. Ellos eran unos caballeros estupendos, especialmente “Pepe” Correa y Mario Cuevas y me propusieron hacerlo. Fue Mario quien me planteo la idea, pero yo de inmediatamente le dije que como se les ocurría, si yo no sé hacer un colegio.

De dar una educación muy buena, católica y dejando que la tomará cada niño y sus papás.

¿Cómo fue la creación del Huelén? ¿Se quiso llevar profesores del Tabancura para allá?

No, no, no y no, como se le ocurre, nunca pensé en hacer eso, hay que ser correctos en ese sentido. Me ayudó mucho SEDUC y el primer año (1978) arrendamos un colegio que quedaba en Vicuña Mackenna  porque querían hacerlo para hijas de obreros calificados, pero no resultó ya que en ese sector vivían puros viejos.

En Vicuña Mackenna teníamos un contrato de 4 años y querían comprar un terreno en Miguel Claro, donde estaban los Carabineros. Yo les dije de inmediato de que como se les ocurría poner un colegio de mujeres ahí, imagínate que cuando llevaban a alguien preso, los familiares se sentaban a esperarlos, por lo que no era un ambiente ideal. Por eso compraron un terreno que salía a Manuel Montt y después a su sede actual. Yo ahí no estuve, yo jubilé el 94.

¿Cuáles fueron los mejores momentos que tuvo en el Colegio?

A ver, me estoy acordando de una anécdota. El Tabancura ya había comenzado y teníamos tres perros que lo cuidaban porque era muy grande. Yo una tarde estaba en la oficina mirando unas notas o no sé qué y de repente me llama Mario Bandera. “Miss Ruby, no puedo salir de mi oficina porque los perros están afuera”. Parece que les tenía miedo, entonces partí a su oficina y cuando llegue tuve que acompañarlo para que se pueda ir a su casa.

¿Cómo era usted como profesora?

Yo era estricta. Una vez me mandaron a un tercero medio a tomar un examen final de no sé qué asignatura que era después del recreo de las 10, entonces yo me instalé en la puerta a recibirlos y fue ahí cuando veo a un alumno que saca de su billetera un papel dudoso, que asumí de inmediato que era un torpedo. Llegamos a la sala, los puse en fila, rezamos y les dije: “No quiero que a nadie se le ocurra ni siquiera mirar para el lado porque no quiero copia, y señor - no me acuerdo del nombre- entrégueme inmediatamente el torpedo que tiene en la mano izquierda”. Después de eso, el curso quedó helado y se portaron muy bien. Los alumnos conocían como era yo, se portaban estupendo conmigo, a veces retaba a algúno que se portaba mal, pero nunca fui rencorosa.

Yo era estricta. Una vez me mandaron a un tercero medio a tomar un examen final de no sé qué asignatura que era después del recreo de las 10, entonces yo me instalé en la puerta a recibirlos y fue ahí cuando veo a un alumno que saca de su billetera un papel dudoso, que asumí de inmediato que era un torpedo.

La línea religiosa del Colegio es el Opus Dei, ¿usted lo conocía? ¿conoció a San Josemaría cuando vino?

No conocía al Opus Dei, pero lo encontré fantástico. Pero lógico que estuve con San Josemaría, él era una gran persona, muy dado a toda la gente y un agrado. El venía con su sucesor, Don Álvaro de Portillo. Yo una vez fui a Roma, a verlo (a Don Álvaro) para contarle que venía de Chile y era del Colegio, y me recibió feliz. Fue un reencuentro ideal y positivo, me regaló un rosario que aún guardo.

En modo de cierre, ¿qué le gustaría decirles a los alumnos del Tabancura?

Primero que nada, la fe en Dios, y que guarden todo lo que se les enseña en las clases como en lo moral.

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